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¿Eres mala boca?

reflexiones de un mala boca

¿Mala boca yo? Bueno, este… Como es un post de confesiones, tengo que decirles que me dio miedo abrir este regalo. El estilo de Roosevelt es, obviamente, muy diferente al mío… Para muestra un botón: sencillamente tienen que visitar su blog “Social Media sin Censura” y no apto para sensibles.

Esto le quedó de lujo. Y espero lo disfrutes tanto como yo, que gracias a Di.s como de todo… Ahora. Como buena consentida si tuve mis episodios fatídicos, solo que mi mami la Señora Lucy tuvo para mi bien corregir. Una más que le debo. Y a ti mi Roosevelt, ¡Otra naiboa más!

Y así se cierra mi ciclo de invitados de junio. A ver con qué nos sale este Eterno Inconforme… ¡Adelante!


Qué ladilla cuando sales a comer con alguien y te dice: “Ay, disculpa, no como cebolla, no como pepinillos, no como mostaza, no como chocolate, no como miel, no me gusta la lechosa, no me gusta el plátano, no como sopa, no como brócoli”, y un sinfín de ingredientes o productos más.

¿No te ha pasado?

A mí sí. ¡Mucho!

Y la verdad que es desagradable. Por mi cabeza pasan cientos de frases y adjetivos calificativos para esas personas.

Pero antes de destruir a los mala boca que tanto abundan por allí, analicemos un poco su comportamiento, y probable origen de esta absurda conducta de no comer de todo.

Causas de que exista gente mala boca

Padres mala boca

¡Pero claro! Un papá tarado, ¿qué le va a enseñar a su hijo? Las mismas malas mañas y malos patrones de conducta. Es muy común oír a padres que dicen: “Mi bebé de 2 años no come zanahoria, no le gusta, no la tolera”. Él solo come papas fritas de Mc Donald’s

¡Qué bebé tan fino!

Esos son los mismos padres que cuando el muchacho tiene 9 años ya es incontrolable, un delincuente juvenil… y todo por no ponerle carácter en la mesa.

Abuelos consentidores

¡Fatal combinación! Los abuelos suelen estar en ambos extremos: o consienten mucho, y forman al que será el manganzón malaboca del futuro; o trauman al muchacho, obligándolo a comerse una palangana de remolacha, “porque eso es sano”.

¡Cuidado con estos abuelos locos! No dejes a tus muchachos mucho tiempo solos con estos viejitos seniles, no vaya a ser que la única herencia que te dejen sea un muchacho mala boca.

Entorno snob

Este tipo de entorno daña fácilmente a las personas. Sobre todo a los pelabolas. ¿Por qué? Porque el ricachón puede elegir qué comer y qué no. Puede tener un menú on demand. El pobretón no. El que está pelando tiene que comer lo que sea, lo que hay: sopa de cebollas, lentejas con arroz, ensalada con tomate y lechuga, etc.

Esto sucede mucho cuando niños pelabolas de padres pelabolas estudian en colegios de ricachones. Los niños pelabolas adquieren las malas mañas de los niños ricachones, y empieza Cristo a padecer…

No haber pasado necesidad

Hablo de necesidad real, de hambre. De, literalmente, no tener NADA para comer, y tener tanta hambre que te provoca robar, pedir plata en la calle… o comer de la basura.

Solo los que hemos pasado por eso entendemos que es de idiotas ser mala boca. Si nunca has pasado necesidad, no puedes opinar. Comer es cuestión de vida o muerte. El que no está en esa situación no lo entiende. Hasta un pan duro, viejo, con salsa de garbanzo y jengibre, puede ser un manjar para el peor mala boca del mundo con hambre de verdad.

Haber tenido un trauma gastronómico a temprana edad

Muy común. Es cuando esos adultos irresponsables que nos tocan por tíos, vecinos o amigos de nuestros padres, nos asustan con la comida, como por ejemplo un plato de pastel de morrocoy, y nos enseñan el corazón palpitante del animalito antes de cocinarlo; o cuando nos dicen que vamos a comer pirañas, pero antes nos llevan a un río a ver cómo las pirañas se comen vivo a un mono.

Fatal. Este tipo de trauma es bien jodido de curar. Y es hasta justificable…

¡Le dañan la cabeza a uno!

estrategias para que los niños coman mejor

Conclusión: ¿Tiene cura ser mala boca?

Ser mala boca es un mal de la cabeza. Como manía en sí es algo que no está en nuestra boca o nuestro estómago, sino en nuestra mente. Viene casi siempre de nuestra mala crianza o deficiente formación culinaria. O es simple maricura.

No hablo de alergias, ya que ese tipo de mala boca no es infundado, y es el único justificado: el que no puede, por ejemplo, tomar leche, porque inmediatamente se orina por detrás, literalmente.

Confesión:

¡Yo era un fucking mala boca cuando era niño! Pero no les podía decir esto antes de que leyeran el post.

Lo que quiero que sepan es que ser mala boca es algo que se aprende. Es una mala maña, una mala crianza, una mariquera que se cura con una sola cosa: MADURANDO.

Ni los golpes, ni los castigos, ni tragar ajuro ciertas cosas harán que el mala boca se cure.

Lo sé por experiencia propia.

Solo cuando pasé hambre de verdad un par de oportunidades en mi vida fue que me di cuenta que ser mala boca era una muy mala opción. O comía de todo, o iba a estar siempre con hambre.

Y por arte de magia, ¡me curé!

Aprendí a comer de todo, y a abrir mi mente a probar nuevos sabores, sazones, texturas y consistencias, y a evitar que me vieran raro en la mesa por rechazar aliños o ingredientes desconocidos.

Confesión 2:

A mí no me gusta el café negro. Aunque si me lo disimulan en un postre, en una buena taza espumante de café con leche, galletas y otros aditivos, sí lo paso.

Y fíjense si es un tema de la cabeza: no me gusta el café porque de niño veía a mis padres, tíos y abuelos fumando mucho, y tomando café. Y en mi cerebro se fueron asociando siempre esos dos olores. El olor del cigarrillo y el café son dos cosas que a mí me causan ganas de vomitar. Y ese es el motivo de mi aversión al café. ¿Ves que es una vaina de la cabeza?

Pero no tomar café no es mal de morir… ¿o sí?

Gracias nuevamente, Sheila, por la invitación a escribir aquí. Es relajante escribir de temas distintos a los que estamos acostumbrados en nuestros medios digitales.

¡Los espero en mi página web! Por allá los asesoro en Social Media. Las asesorías gastronómicas son con Sheila.

Cuéntame, lector del bombillo que más alumbra, ¿Eres mala boca? ¿Qué es eso que no soportas comer o probar?

Me reiré mucho leyendo también tus experiencias de mala boca.

20 comentarios

  1. Laura Esqueda dice:

    Jajaja conozco muy de cerca la experiencia. Lo que relatas me acuerda de un pana oriundo de Ciudad Bolívar por cierto …pobres monos. Este post debería tener una segunda parte de Mala boca a Lambucio para seguir la tónica.

    En efecto hay muchas razones que son mentales, otras alérgicas ( que también vienen del mismo motivo que la primera) y otras sin duda son maricuras. Trabajaré en la que me corresponda.

    • Jajajajajajaja… de Ciudad Bolívar hay cuentos… ¡y cuentos!

      Tal vez haga la 2da parte de esto… porque es verdad: ya no soy mala boca, pero lambucio sí que te lo soy…

      Esas hambrunas me traumaron… hay que comer bastante cuando hay, porque uno no sabe cuando habrá papa de nuevo… jajajajaja

  2. Yurgel dice:

    Demasiado bueno el post, yo no soy mala boca, sin embargo hay cosas que por salud no puedo comer (y sin embargo de masoquista las como), me divertí mucho leyendo y escuchaba a Roosevelt hablando jajajaja, un beso.

  3. patricia chirinos dice:

    Me reí demasiado con este post. Yo sabía que RooseveltPress tenía algo oculto jejejejej… Yo no como huevo de iguana porque en mi pueblo me mataron a la mía y yo vi cuando la rajaron. Ni tampoco conejo porque me recuerda cuando vi a mi conejita vuelta ñoña luego que la atropelló un carro jajajaja. No como morcilla porque me la impresión de que es un mojón… Claro que son vainas mentales y maricuras mías. Y a diferencia tuya Amo el café pero por problema intestinal mejor no lo tomo.

    De pana que esto Necesita segunda parte.. me encantó

  4. Martha Rodriguez dice:

    Un tema interesante expuesto de una manera muy jocosa. Pues, yo nunca fui malaboca. En mi infancia, cuando me ofrecían alguna comida nueva abría la boca por el solo hecho de probar. Y de adulta, esto lo relaciono con la disposición a probar cosas diferentes. Anecdóticamente, tengo la grata experiencia de haber logrado corregir a un gran malaboca. Luego de un proceso complejo, se logró el objetivo. Espero por la segunda parte de este post. Jajajajajajaja

  5. Mónica del Pilar Ramos Torres dice:

    Hasta ahora leo el Post, me he reído como no tienen idea, y como dijeron por allí me parecía escuchar la voz de Roosvelt en la medida que leia su relato.
    Comparto con él, que el origen del “Malaboquismo” es la ausencia absoluta de un buen período de necesidad (¿o un mal periodo de necesidad?)

    Nunca me he considerado malaboca, porque en mi familia, aunque todo se movía alrededor de la comida tuvimos momentos cuesta arriba, que solo mi mamá supo cómo sobrellevarlos, yo soy de las que de pequeña se les podría decir “Mafaldas” porque como al personaje de Quino, no les gustaba la sopa, razón por la cual no me podía parar de la mesa hasta que me la terminara, aunque estuviese más fría que tempano del polo sur, asi podía pasar horas y horas, no obstante y a pesar de esta práctica poco ortodoxa de mí mamá, no me traume y como de todo, o mejor dicho casi de todo, jajajaja.

    Y ahora la confesión, ¿qué no como? No como Pastel de Morrocoy, eso sí que no….

    De resto todo, bueno no me gustan las caraotas con azúcar, pero las he comido… he comido báquiro, chiguire, entre otros. En conclusión, no sufro de “Malaboquismo”
    Gracias Sheila por regalarnos tú regalo de cumpleaños con todos los post del mes de junio, gracias a los que escribieron, todos estuvieron geniales.

    Y que venga la continuación Roosvelt

  6. […] antes de continuar, debo aclarar que este post es la 2da parte de un post que escribí como invitado en el blog de SheEmprende. Los lectores de su blog pidieron una continuación. Así que esto de los 5 beneficios del Guest […]

  7. Para los que lo habían pedido:

    ¡Aquí está la 2da parte!

    https://gordonesroo.com/5-beneficios-del-guest-blogging/

    Espero que la disfruten…

    • Me pude reír… Eres mala boca, inmediatamente me traslada a los momentos en que le hago la entrevista a un cliente paciente y me habla que no come esto o lo otro yo le explayo mi sonrisa, que le dice cómo quieres cambiar y llegar a tu objetivo si no actúas de otra manera! Pero ya ves mi estimado Roosevelt y las demás que intervinieron, como nuestra relación con las comidas o ciertos alimentos influyen y condicionan sin querer nuestra manera de alimentarnos, siempre después es qué nos damos cuenta de algo o situación de nuestra niñez nos dan ese patrón, que da risa después de adultos!… Es como decirle a una madre como va a comer tu hijo mejor si así comes tú!… ya saben lo extenso del tema… me encantó Sheila que lo publiques y leer a Gordones en otros temas no digitales… gracias a los dos por enriquecer mis horizontes!…

      • Gracias a ti por leernos y por plasmar de alguna forma tu experiencia profesional. En efecto, como lo plantea “El Roosevelt” da risa, pero si te lleva un poco a la reflexión de que hay mañas insoportables y esta. Y de verdad lidiar con eso debe ser tenaz, en el caso de un nutricionista

      • Jajajajajajajaja…

        ¡Qué bueno que te gustó! Y qué bueno contar con tu opinión profesional.

        ¿Viste? De chiquitos nos friegan los hábitos alimenticios.

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